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domingo, 5 de agosto de 2012

Un Vistazo a la Teoria de McClelland


Teoria de la Expectativa

En este caso David Nadler y Edward Lawler dieron cuatro hipótesis sobre la conducta en las organizaciones, en las cuales se basa el enfoque de las expectativas:
  • La conducta es determinada por una combinación de factores correspondientes a la persona y factores del ambiente.
  • Las personas toman decisiones conscientes sobre su conducta en la organización.
  • Las personas tienen diferentes necesidades, deseos y metas.
  • Las personas optan por una conducta cualquiera con base en sus expectativas que dicha conducta conducirá a un resultado deseado.

Éstos son base del modelo de las perspectivas, el cual consta de tres componentes:
  • Las expectativas del desempeño-resultado: Las personas o poder para motivar, concreta, que varía de una persona a otra.
  • Valencia: El resultado de una conducta tiene una valencia
  • Las expectativas del esfuerzo-desempeño: Las expectativas de las personas en cuanto al grado de dificultad que entraña el buen desempeño afectará las decisiones sobre su conducta. Éstas eligen el grado de desempeño que les darán más posibilidades de obtener un resultado que sea valorado.

La combinación de estos 3 elementos produce la motivación en distintos grados de acuerdo a la intensidad de los factores. A cada factor se le asigna un valor entre 0 y 1 (la valencia puede ser negativa) y después se aplica la siguiente fórmula:
Motivación = V x E x M
 
La utilidad real de esta Teoría es que ayuda a comprender los procesos mentales de la motivación de los empleados. Sin embargo, en la práctica es casi imposible obtener mediciones fiables de estos factores tan subjetivos, por lo que deja de ser viable reducir la motivación a un valor numérico.


Es importante destacar además, que la fortaleza de esta teoría es también su debilidad. Al parecer es más ajustable a la vida real el supuesto de que las percepciones de valor varían de alguna manera entre un individuo y otro tanto en diferentes momentos como en diversos lugares. Coincide además con la idea de que los administradores deben diseñar las condiciones ideales para un mejor desempeño. Cabe destacar que a pesar de que la teoría expuesta por Vroom es muy difícil de aplicar en la práctica, es de suma importancia puesto que deja ver que la motivación es mucho más compleja que lo que Maslow y Herzberg suponían en sus enfoques.

Un nuevo Aliado: Metacognición

Esta palabra tan rara es clave para una correcta motivación y para conocernos a nosotros mismos. La metacognición es el conocimiento de nuestros propios estados mentales, osea, de nuestras emociones, y nuestros pensamientos.
Como músico, es importantísimo saber qué pasa por nuestra cabeza cuando nos desmotivamos. Por ejemplo, si un ejercicio o lección nos frustra, hay que analizar el por qué. Puede ser porque resulte demasiado difícil para nuestro nivel, porque nos impacientamos demasiado, o simplemente, porque estamos en un mal momento.
En el primer caso, la dificultad excesiva, lo mejor es apuntar a una meta más asequible. Si estamos estudiando visualización sobre el mástil y, al intentar aplicarlo sobre un lick complejo que podemos tocar, somos incapaces de lograrlo, debemos buscar un fraseo o un solo que sea más fácil de visualizar.
Si estamos con un profesor y lo que nos enseña nos supera, debemos decírselo. No en un primer momento, porque su método puede buscar un momento difícil que luego será comprendido al mezclar otros conocimientos, pero nunca nos quedemos callados si no nos motiva lo suficiente. Tal vez nos comprenda mejor de lo que esperamos...
Cuando el problema es la impaciencia, y la consecución de pequeñas metas no nos motiva, estamos ante un momento en el que debemos reflexionar. ¿Me gusta tocar la guitarra? ¿Estoy dispuesto a realizar el esfuerzo que requiere y disfrutar del proceso? El proceso de aprendizaje no debería ser un suplicio, sino al contrario. Debe ser un camino en el que disfrutemos.
No podemos pretender ser Brett Garsed de un día para otro, y lo más probable es que nunca lo seamos... pero debemos disfrutar del proceso que nos lleva a ser nosotros mismos como músicos, algo mucho más hermoso.
Nunca veas el aprendizaje como un mal por el que tienes que pasar para tocar bien, sino como una experiencia. Cada momento es único, y jamás se repetirá.
A veces, cuando veo a mis nuevos alumnos, me apena no poder volver a esos tiempos en los que descubría qué era un intervalo, por qué en un tema se usaban unos acordes, o cómo se hace un armónico forzado. Sin embargo, siempre aprendemos algo nuevo si estamos motivados y abiertos. Este proceso, en un buen músico, nunca termina.

Si, por último, estamos atravesando un mal momento -personal, económico...- no deberíamos castigarnos estudiando hasta la saciedad. Deberíamos buscar el mayor disfrute posible, improvisando, tocando cosas que nos resulten cómodas...
El aprendizaje es eterno, pero puede centrarse en cosas pequeñas. Hacer sonar bien tres notas, mejorar el vibrato sobre una parte de una improvisación, o tocar riffs que nos gustan también es una forma de aprender.
En esos momentos, forzarnos a aprender a un ritmo alto, puede derivar en una absoluta desmotivación y el abandono del instrumento.
La música es como la vida, cuando estamos en un mal momento es mejor no forzar la situación y estresarnos, sino disfrutar de pequeñas cosas y afrontar el vendaval como podamos.